O Fim do Peronismo


Trechos de imperdível artigo publicado hoje no argentino La Nacion.

Recomendável para todos e em especial para petistas de boa fé!

O resumo é o máximo possível para não perder-se a coluna vertebral dos argumentos.

El fin del peronismo
Por Marcelo Gioffré

¿Existe aún hoy el peronismo? ¿Cuántos hay? ¿Se suman las distintas fracciones en que está dividido? ¿Fue el de Menem el tercer peronismo, como sostiene el sociólogo Ricardo Sidicaro, la continuación del cuarto, como prefiere Alejandro Horowicz, o no fue peronismo? ¿Es Kirchner peronista? Suponiendo que lo fuera, ¿es la continuación del camporismo, la del menemismo, o encarna una versión novedosa? En su libro Los tres peronismos , Sidicaro analiza los períodos peronistas de 1946/55, 1973/76 y 1989/99 a la luz de una premisa muy rica: la capacidad del Estado para arbitrar entre los distintos factores de poder.

Lo que quizás no se advirtió en las últimas dos tentativas fue que los aparatos estatales, indispensables para ejercer el papel de árbitro, habían ido sufriendo un desgaste creciente, hasta quedar reducidos a una caricatura, lo que hizo que ambos ensayos derivaran en dos de las mayores frustraciones argentinas: el golpe militar y el terror, en 1976, y la hiperinflación, en 1990/91. El primero es la ausencia de líderes cuyo pintoresquismo suscite el vértigo de las masas populares.

El segundo matiz es la imposibilidad de mantener un sesgo antiexportador en un país sobreendeudado, cuya necesidad de conseguir divisas para pagar a los acreedores no resulta un tema trivial. El tercero y último rasgo es el cambio social operado en los últimos años, que pulverizó a las clases sociales en tanto tales, quitándoles una cohesión que había ejercido cierto importancia en el reparto de responsabilidades políticas: un tripartidismo articulado sobre la base de la clase baja, representada por el peronismo; la clase media, por el radicalismo, y la clase más alta, por el “partido militar”.

Los trabajadores, que tuvieron un papel central en la llegada al poder de Perón, en 1945, pasaron a ser individuos pobres, cartoneros o excluidos, sin ninguna articulación clasista. Pero también en las clases medias, que fueron definitorias en las elecciones de 1983, se manifestaron cambios decisivos: la decadencia de los servicios brindados por el Estado, tanto en materia de salud como de educación y seguridad, condujo a una suerte de sálvese quien pueda que desembocó en la mudanza a los countries, en la multiplicación de escuelas, sanatorios y cementerios privados, en el florecimiento de los shoppings e hipermercados,...

Ello se vio nutrido en el segundo subperíodo del tercer peronismo, iniciado en 1991, cuando Menem hizo populismo no para las clases bajas sino para las medias –con lo que debilitó al radicalismo– y convocó a su gobierno al elenco estable de economistas de los regímenes militares, con lo que consiguió la adhesión de las clases altas. Provocó, así, una promiscuidad inigualable, que terminó por fulminar el imperfecto sistema tripartidista.

Hoy, el peronismo no cuenta con un aparato estatal adecuado para jugar su papel de mediador, no tiene una figura carismática, no tiene clases cohesionadas, no tiene posibilidad de ser antiexportador ni de alentar artificialmente el consumo interno.

¿Qué le queda? Nada. Y esto es, quizá, lo que advierte con sagacidad el presidente Kirchner cuando se distancia tanto del factor sindical como del empresarial. Su intolerancia frente a las críticas de la prensa o de los opositores, su despareja actitud frente al piqueterismo y su reivindicación insólita de una militancia identificada con valores de la izquierda marxista.

El autor es escritor, periodista y abogado. Su último libro es la novela Mancha venenosa .

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